Sobre los objetos, las palabras y la memoria compartida.

“Larousse básico escolar”. Fotografía digital. Candela Gencarelli. Córdoba 2019

1. Objetos y sus provocaciones:  

¿Ha experimentado alguna vez una especie de ternura al encontrarse un objeto en particular? casi como un pedido de auxilio. Pienso en las figuritas perdidas en el fondo de la mochila de la escuela, abolladas, despintadas, mezcladas con algún alfajor Tatín no comido. Si esta especie de ternura lo ha asaltado e incluso, si  ha virado a nostalgia, le propongo el siguiente recorrido con la certeza completa de que la nostalgia es una gran aliada de la memoria común. 

2. Seguir el hilo del recuerdo

No sé cómo llegó este diccionario a mi biblioteca, seguramente, fue olvidado en la mesa de la salita donde mi abuela solía dar clases a los niños y niñas que necesitaban un rato de atención especial cuando el horario de la escuela ya había terminado. Seguramente se lo robé de su biblioteca como hice con tantos otros libros que me llevaba escondidos creyendo que ella no me había visto. No era maldad, ni tampoco codicia lo que motivaba estos robos, pocas veces el móvil del crimen fue haberme enamorado de alguno de ellos, nada tenían de atractivo para una niña en edad escolar como yo: sin imágenes, húmedos, llenos de polvo. 

Mi abuela no los leía, por eso, yo los robaba. Esos libros permanecían en la casa, porque debían estar allí, porque los libros no se tiran, porque los libros se heredan, porque hay que guardarlos, porque son importantes. Pero nadie los leía ¿a quien habían pertenecido? ¿Cómo llegaron allí?

Cuando tenía 4 años empecé a leer por una causa bastante alejada de cualquier prodigio. Leía porque temía el momento de ir a dormir; esa hora del día en la que mis padres se despedían y la luz se apagaba. Leía compulsivamente, casi como un rezo, leía y esas palabras -no importaba mucho cuales- frenaban la ansiedad de mi cuerpo, las imágenes que pasaban unas tras otras y me asustaban. Leía el Larousse Básico Escolar y esas definiciones suplían el padre nuestro. 

Leer era suspender el juicio. Leer era descubrir el cuerpo del texto, su respiración, su presencia, su compañía lograba sumirme en el sueño. A la distancia veo a esa niña pequeña leyendo un diccionario, y reconozco que desde allí emana la ternura que me asalta ante la presencia de cualquier libro destartalado.

Tenía una edición más nueva del diccionario para llevar a la escuela, uno con la tapa color azul que sufría el aplastamiento del resto de los libros en mi mochila de la escuela. Cargábamos ese pequeño libro en nuestras pesadas mochilas, los que tenían rueditas nunca se lo olvidaban porque trasladaban en esa “casi valija” todo lo necesario. Seguramente todavía lo recuerdan. Por mi facilidad para la memoria, conservo recuerdos de varias amigas y amigos de mi generación, así como google que “nos” presta su memoria externalizada en la nube ¿Hasta cuando?

Recuerdo, en segundo a tercer grado que jugábamos a quién encontraba más rápido una palabra en el diccionario. Alto entrenamiento de los dedos, las manos, y la memoria para recordar el orden con que una a una se sucedían las definiciones y el sentido se perdía o buscábamos en la aceleración otro. Creo que ese juego de buscar fue el mejor entrenamiento para el mundo ciberfísico en el que nos tocó vivir luego. Pienso en el año 96, estaba en segundo grado.

3. ¿Porqué un diccionario de rara pronunciación en nuestra lengua “Larousse” acompañó nuestros días escolares?

Acompaño nuestro días escolares, o al menos ocupó lugar en nuestra mochila y supuso una pequeña inversión monetaria para nuestros padres. Según la Wikipedia (/la’ʀus/) es una editorial francesa fundada por Pierre-Athanase Larousse y Augustin Boyer en 1852, la “Librarie Larousse et Boyer”. Leyendo un poco me asombré al reconocer que esta pequeña librería (Librería de Larousse y de Boyer) fue fundada por Pierre y Agustin, pero también por Suzanne Caubel, la esposa de Pierre. Los tres se dedicaban al oficio de enseñar y estaban desilusionados por los métodos de enseñanza que encontraban arcaicos y demasiado rígidos. En su librería publicaron libros de textos progresivos para los niños, y manuales de instrucción para los profesores, haciendo énfasis siempre en desarrollar la creatividad y la independencia de los alumnos. Vale decir que su Grand Dictionnaire universel du XIXe siècle (1864-76, 15 volúmenes; Suplementos de 1878 y 1887) llegó a estar en el Índice de libros prohibidos por la Iglesia católica.

Petit Larousse ilustrado.1905. Dominio público

El primer diccionario Larousse en lengua española fue el Pequeño Larousse ilustrado en 1912 y en 1953, la editorial abrió su primera filial en América Latina. 

Comparto una edición hermosa, con sus manchas de tinta de este diccionario para quienes gusten puedan recorrerla y volver a sentir la textura del papel, tanto como el sabor de buscar en ese mundo capaz de caber en una mano.

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