Deliberaciones provocadas por esta pequeña pieza digital

Pie de foto de la tarjeta: «El estereógrafo como educador – gabinete de extensión de placas de Underwood en una biblioteca casera» 1901

1. Ejercitar la inmersión:

Si suele sentir que su mundo se ve reducido, me refiero a una sensación próxima a la asfixia pero no mortal; que empobrece su deseo y sus ganas. No obstante, no dificulta en absoluto su habitar, es una forma muy parecida al agotamiento, pero que no debe ser confundida. ¿Entiende a qué me refiero? ¿ha percibido alguna vez esta sutil reducción de anhelo personal? En caso que su respuesta sea afirmativa, le recomiendo copiosamente realizar este tipo de ejercicios.
Decidí nombrarlos como “de inmersión” y los practico con frecuencia, estos ejercicios constan de zambullirse en el fluir del mundo virtual. Podría decir navegar, pero siento que es una metáfora que queda corta a esta experiencia. Sin dudas evoca el mar, pero más bien, prefiero ir sin embarcaciones y disfrutar de mis pequeños recorridos a nado; la respiración toma otra forma, la visualidad se amplía y entonces la detección de nuevos enlaces posibles se convierte en mi próxima brazada, en la patada justa para no hundirme en este océano desconocido.
Hoy comparto uno de mis hallazgos en estos paseos por la profundidad: una tarjeta estereoscópica, fechada en 1901. La encontré en el fluir de una cadena invisible de direcciones; y como si me viera en un espejo, quedé prendida a la visión de esta mujer, que cómoda en su sala de estar disfruta de las visiones provocadas por el dispositivo, tal como yo, durante mis ejercicios.
Es que a pesar de su simpleza, se sorprenderá al saber que estos pequeños ejercicios de inmersión digital sin fin prefijado, pueden ampliar su algoritmo, expandirlo, romper la secuencia de opciones preestablecidas por un automatismo que le ofrecerá su navegador.

2. ¿Qué es una tarjeta estereoscópica?

Dos imágenes en un marco de cartón, que a primera vista parecen idénticas. La tarjeta estereoscópica era un dispositivo que se usaba para ver en un estereoscopio imágenes en 3D. Al estereoscopio, es decir, el aparato en el que se colocaba esta tarjeta  y que nos permitía ver esta doble imagen combinada en nuestro cerebro como una sola —tal como lo hace la chica en la foto—, lo conocemos como un invento de Sir Charles Wheatstone. Un hombre blanco, científico, inglés que lo patentó en 1840.

Las vistas fotográficas estereoscópicas fueron muy populares en los Estados Unidos y Europa desde mediados de la década de 1850 hasta los primeros años del siglo XX.  La experiencia estereoscópica fue mejorada por Sir David Brewster en 1849 con varios inventos.

Los estereoscopios se fabricaron para varios rangos de precios y gusto. El estereograma se hizo especialmente popular después de que la reina Victoria manifestara su interés por el invento mientras se exhibía en la Exposición del Palacio de Cristal de 1851. Al igual que la televisión actual, la estereografía durante la segunda mitad del siglo XIX fue un dispositivo educativo y recreativo con un impacto considerable en el conocimiento y el gusto del público.

El estereoscopio convivía con otros inventos de esa época. Por ejemplo las «carte de visite portrait photographe» o retrato fotográfico en tarjeta de visita, eran un estilo de retrato que utilizaba papel a la albúmina, desarrollado en París por André-Adolphe-Eugène Disdéri en 1854 que fue universalmente popular en la década de 1860. Su nombre carte-de-visite se debe al tamaño de la impresión (4 por 2,5 pulgadas [10,2 por 6 cm]). Disdéri usó una cámara de cuatro lentes para producir ocho negativos en una sola placa de vidrio. Cada imagen se podía recuperar por separado o se podían realizar varias exposiciones de la misma pose a la vez. La principal ventaja del sistema era su economía: para hacer ocho retratos, el fotógrafo necesitaba sensibilizar solo una hoja de vidrio y hacer una impresión, que luego se cortaba en imágenes separadas.

Al principio, las cartes-de-visite mostraban casi siempre a sujetos parados en medio de la escena. Con el tiempo, los fondos se volvieron ornamentados: se introdujeron muebles y fragmentos arquitectónicos como columnas y arcos de papel maché, y se colgaron cortinas de terciopelo con flecos pesados ​​dentro del alcance de la cámara. Se crearon pequeñas escenografías para estos retratos.

Debido a que eran baratos y fáciles de producir, se convirtieron en una forma popular de fotografía callejera hasta bien entrado el siglo XX. Los fotógrafos de las esquinas, a menudo equipados con un burro, eran habituales en los países europeos. Se coleccionaban retratos de famosos (escritores, políticos, actores) también,  exóticas vistas de países lejanos o espectaculares paisajes, se trataba de imágenes-mercaderías que se vendían por millones. 

Pero, el estereoscopio que en sus inicios fue un dispositivo destinado para uso individual y, como máximo, a un juego de salón en los salones burgueses; también invitó una forma colectiva de visionado. Por ejemplo, en Alemania estas tarjetas estereoscópicas, se usaron en el Kaiserpanorama un dispositivo óptico destinado a la visión colectiva, que fue patentado por August Fuhrmann en 1890 y utilizado entre 1880 y los años veinte del siglo XX, al que Walter Benjamín dedica algunas pasajes.

Este aparato destinado al entretenimiento colectivo, y también a recaudar algunas monedas a cambio de la experiencia de ver,  proponía una especie de show que aproximadamente veinte personas podían disfrutar juntas.  El acceso a esta experiencia permitió a las clases más pobres acceder a una corta  sesión de visionado regulada por un timbre. Se trataba de una secuencia de imágenes. Una tras otra mostraban paisajes, monumentos y ciudades europeas, también incluían imágenes de la Primera Guerra Mundial. Curioso es el nombre de esta versión pública del estereoscopio para el disfrute colectivo: Kaiser Panorama se traduce literalmente como Panorama del Emperador. 

En Estados Unidos el estereoscopio fue una industria económica muy prolífica. Underwood & Underwood fue uno de los mayores editores de estereo visiones en el mundo, produciendo 10 millones de vistas al año. Los hermanos Underwood desarrollaron un sistema de venta  exhaustivo con estudiantes universitarios, también, distribuyeron estereografías de otros editores. En 1887, su oficina original en Ottawa, les resultó pequeña y se mudaron a la ciudad de Nueva York. También se abrieron oficinas en Canadá y Europa. Para 1897 la empresa contaba con personal a tiempo completo y fotógrafos independientes ese mismo año, además, los Underwood compraron los negocios de Jarvis; Bierstadt; y William H. Rau, colegas dedicados al mismo tipo de producciones. En 1901, fecha de publicación de esta tarjeta, Underwood & Underwood publicaba 25.000 estereografías al día.

La venta de estereovisiones y diapositivas a las escuelas fue un campo en el que Underwood & Underwood fue pionero, y durante varios años Underwood y Keystone fueron competidores en el creciente mercado educativo.  Los grandes conjuntos de aulas venían alojados en gabinetes de madera de calidad de muebles, similares a los que podemos ver en esta tarjeta detrás de esta mujer viendo por su estereoscopio (es decir que esta tarjeta también funcionaba como una imagen publicitaria de la experiencia de visionado). Entre 1915 y 1921, Keystone View Company compró los negativos de casi todos sus competidores incluyendo Underwood; también continuaron teniendo fotógrafos viajando por el mundo, en 1935 Keystone tenía aproximadamente dos millones de negativos estereoscópicos, hasta su cierre en 1955.

En 1978, los registros y el inventario de negativos de la compañía, que pesaban más de 30 toneladas, fueron donados a la UCR / Museo de Fotografía de California en la Universidad de California Riverside, donde ahora se conocen como la colección Keystone-Mast.

3. ¿Educador?

En la imagen de la tarjeta, dice: El estereoscopio como educador…. ¿Pueden estos artefactos educarnos?  Sin duda, estas tecnologías de la visualidad lo hacen desde hace años (muchos más de los nos atrevemos a considerar) ¿pero ha pensado de qué se trata esa educación? 

Nos muestran mundos nuevos, lejanos, exóticos; nos permiten una conexión con la visualidad, con ese lenguaje que hablan las imágenes. Una interacción capaz de fascinarnos, seducirnos, de ayudarnos a comprender imágenes hondas que  establecen en la inmediatez su manifestación, un diálogo personal con nosotros mismos. En este sentido, la potencia del lenguaje visual, es dinamita para nuestra capacidad de comprensión racional del mundo. Sin embargo -como las tarjetas estereoscópicas- se trata de dos imágenes que en su superposición nos revelan la profundidad.  

En este juego de pares, el otro lado, hace evidente el poder que tienen las imágenes para adormecernos colectivamente. Las formas en que estas modelan y configuran lo que creemos, lo que deberíamos alcanzar, pensar; extienden un manto de olvido alrededor de nuestros cuerpos que nos dificulta percibir la tierra, esa que pisamos. Un manto que difumina nuestro paisaje cercano imposibilitando sentir la misma fascinación que describimos antes, más bien, percibimos una forma de encantamiento traducido a pánico por lo extraño, por aquello que se sale de la forma esperable.

Por eso, es tan importante en estos días que vivimos (más de 100 años nos distancian de la fecha en que esta tarjeta fue publicada) hacerse un tiempo para los ejercicios de inmersión.  Dejarse llevar por lo que las sincronías del mundo  natural, artificial, humano, astral nos proponen para desentrañar cómo logran que nuestro paseo se vaya haciendo y se convierta en un acontecimiento único. En esta época el peor enemigo es la autonomía que la política ha otorgado a los algoritmos, ellos no son los culpables, tampoco las imágenes. La cuestión es que dejemos librado a su decisión automática nuestro destino, nuestro arte, nuestras manifestaciones culturales. Por eso, con urgencia le recomiendo ejercitar (recuerde que salud no es sólo tener su cuerpo en forma).

4. Algunas recomendaciones para sus ejercicios de inmersión:

  •  Lleve la cuenta del tiempo del que dispondrá para . sumergirse y entréguese sin muchas ideas de a donde se va (la regla es simple ampliar la cadena) y clickear en lo que nos resulta raro. Corte el ejercicio cuando se haya cumplido su tiempo, si continúa, y olvida el tiempo corre el riesgo de ahogarse o perderse. De olvidar la complexión de su cuerpo, de traspasar el limite de su piel y creerse agua, o en este caso, digitalidad.  
  • Mientras se encuentra en pleno nado, no olvide compartir con variedades de amigos y amigas lo que va a encontrando, lo ayudarán a dejar marcas de su travesía y a volver sobre sus pasos; además compartirán con usted sus propios descubrimientos, así, aunque parezca un principio muy simple ampliamos nuestro reducido mundo y creamos comunidad.
  • Tenga presente este discurso del Gran Federico Lorca, lo recitó en el marco de la apertura de una biblioteca popular en su pueblo natal, en plena república en 1936 en España. Su pedido de horizontes empatiza con el mío. Por eso, aquí comparto una frase y les dejo el acceso para que se deleiten por ustedes mismos. 

Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Aquí podes leer el discurso completo:


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